Bautismo IV

20 de Diciembre de 2021

La Plata (BsAs) a Funes (Santa Fé) – 370km

Salimos a las 6am de La Plata rumbo a Rosario. La intención era evitar el caos de tránsito ya que teníamos que cruzar toda la Ciudad de Buenos Aires. El plan venía perfecto. A las 9am estábamos pasando Zárate -150 kilómetros en 3 horas-, lo que nos dejaba en nuestro promedio de viaje: 50 kilómetros por hora.

Pero sí. Venía. Al salir del peaje “Acceso a Las Palmas” la aguja que marca la temperatura se disparó y en segundos subió al máximo. Automáticamente frenamos al costado de la autopista. Por acto reflejo me asomé abajo de la camioneta y algo colgaba. Era la correa de la bomba de agua.

“Que no panda el cúnico” le dije a Juli. “Tuvimos un curso de mecánica que nos enseñó paso a paso cómo cambiar una correa y tenemos el repuesto”. Este era mi momento. “Hoy me convierto en héroe”, pensé. Mientras Juli llamaba al seguro para pedir una grúa -confiado pero no boludo- yo junté las herramientas necesarias y agarré la más importante: el celular.

Puse en el grupo, en el bendito grupo, lo que nos había pasado y pedí si alguien me podía refrescar cuáles eran los pasos a seguir. Automáticamente llovieron mensajes explicando, ofrecimientos de llamadas y de videollamadas por todos lados. Lo que se dice una verdadera comunidad a la cual recurrir. Con la ayuda de amigos me dispuse a empezar a aflojar los tornillos necesarios para lograr el primer paso: sacar la correa cortada.

Mi primer intento de convertirme en héroe

Después de un par de horas de intentarlo y no lograrlo empezamos a impacientarnos. En la práctica había tornillos distintos, adaptaciones que anteriores dueños habían hecho y, por sobre todas las cosas, mis manos no lograban hacer lo que en los videitos se veía tan fácil. Por otro lado, la grúa que nos habían prometido no llegaba y empezábamos a dudar de si iba a llegar en algún momento. A las 13hs desistí por primera vez. “La mecánica no es lo mío” pensé. Frustración al borde del llanto y todas las fichas puestas en rogar al seguro que nos mande la grúa que correspondía.

A las 14.30hs, una persona del seguro nos postergó una vez más el horario al que llegaría la grúa pasándolo para las 16.30hs. El sol hacía hervir el pavimento y nuestra paciencia ya estaba llegando al límite. Cappe y Julián, amigos que me habían estado asesorando, me convencieron que vuelva a intentarlo. Paso a paso, videollamada mediante, volví a intentarlo. No había forma. Según los pasos que me decían, la bomba debería estar floja y yo poder moverla para retirar la correa. La bomba no cedía ni siquiera un milímetro. Desde adentro de la camioneta se escuchaban las puteadas de Juli a los inútiles del seguro que en ningún momento fueron capaces siquiera de preguntar si estábamos con niños o personas adultas. Hace casi 6 horas que estábamos al costado de la autopista a los rayos del sol y el seguro no daba la cara.

Hasta que aparecieron Adri y Nieves, dos personas que habíamos conocido el día anterior. Si, el día anterior. Estos dos seres hermosos habían hecho más de 100 kilómetros en un día para ir a nuestra feria en La Plata, concernos, colaborar con nuestro viaje y contarnos de su proyecto para armar su propio motorhome. No contentos con semejante acción ahora nos decían que se estaban subiendo a su auto para venir a socorrernos. Adri se da mucha maña con la mecánica y para él iba a ser muy fácil cambiarnos la correa. El detalle es que estaban a 50 kilómetros y en plena hora pico.

Una hora después llegaban Adri y Nieves -de ahora en más nuestros “road angels”- entre bocinazos y nuestros gritos de alegría. Me tiré junto a él porque la intriga me estaba matando. Quería saber cúal había sido mi error. Era muy simple. El último tornillo que tenía que aflojar era extremadamente largo -ese día aprendí que era “pasante”- y por lo tanto tenía que seguir desenroscando. Eran sólo unas vueltas más. La frustración vino acompañada de risas y cargadas por lo cerquita que había estado de lograrlo.

Adri y Nieves llegaron para socorrernos
Exhibiendo el trofeo de guerra, siempre con estilo

Tornillo pasante afuera, correa rota afuera. Lo que quedaba tenía que ser un trámite si no fuera porque teníamos una correa 5 centímetros más corta de lo que necesitábamos. Nuestro repuesto no servía. Junto a “los ángeles” salimos volando en lo que fue el dakar de Zárate. Eran las 17.45hs y por lo tanto en quince minutos cerraban todas las casas de repuestos. Mientras, Juli se quedó en la camioneta llamando a la casa de repuestos más cercana para pedirle por favor que no cierre, que estábamos en camino.

Lo logramos. Gracias a los chicos llegamos antes que la casa de repuestos cierre, pudimos cambiar la correa -Adri nos enseñó cómo hacerlo para una próxima vez- y seguir camino hacia Rosario. “No podemos creer que hayan hecho esto en su único día de franco de la semana” les decíamos. “Qué mejor plan que poder ayudar a alguien que lo necesita” nos respondieron y una vez más el viaje nos trompeaba y mimaba al mismo tiempo.

Llegamos casi a la 1 de la madrugada a Funes, Santa Fé. 19 horas para hacer 350 kilómetros. El promedio cayó en picada. Menos de 20 kilómetros por hora. Hubiésemos llegado más rápido en bicicleta.

Por suerte ahí nos esperaban Jori y Guille con una picada y cervezas. El viaje estaba siendo muy duro, las trabas eran demasiadas pero a la vez no parábamos de conocer gente muy hermosa que nos daba amor sin pedir nada a cambio. Su energía y sus ganas de saber sobre lo que estábamos haciendo nos daba la fuerza y ganas que necesitábamos después de una mala tras otra.

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