9 de Diciembre 2021
Neuquén a Villa Regina – 91km
5:40 de la madrugada. El sol de este jueves 9 de diciembre está empezando a asomar y yo me acabo de acostar. Juli está acomodando una de las tantas cajas que todavía nos quedan sin cerrar. Después de una larga discusión y llantos que ayudaron a sacar todo ese rejunte de miedos, angustias y nervios que nos desbordan estos días, logramos llegar a un acuerdo: dormir aunque sea un par de horas y, cuando la alarma del reloj suene a las nueve, seguir con esta carrera contra el tiempo.
Por alguna razón, hace no menos de veinte días, creímos que era posible terminar nuestra casa sobre ruedas para el 8 de diciembre y ese mismo día “salir a la ruta”. Por alguna otra razón que también desconozco, hace cinco días volvimos a ser optimistas y llegamos a la conclusión de que retrasar nuestra salida 24 horas nos iba dar el margen necesario para no morir en el intento.
Son las nueve de la mañana. Con suerte dormimos una hora de corrido y el despertador ya está sonando.
La Mechi, que se supone es nuestra “casa” a partir de hoy:
- Tiene la estructura del baño terminada pero cada vez que encendemos la ducha, una cascada de “la ruta madre” cae por todo el ancho de la pared inundando el reciente plato de ducha hecho por Juli.
- Tiene bomba de agua (a pesar que la noche del Martes 7 de diciembre rompí el “piquito” al intentar ajustar una abrazadera dejándola totalmente inutilizable, lo cual hizo que tenga que salir a las 23hs a buscar a nuestro amigo Raúl, quien por casualidad tenía una bomba de agua igual a la nuestra en el baúl de su auto y nos salvó de la separación) pero no tenemos tanque de aguas grises. Conclusión: nuestra hermosa bacha también sale inhabilitada.
- Tiene calefón en condiciones ya que Nico (a quien conocimos hace una semana) estuvo todo el fin de semana trabajando con nosotros sin ningún interés más que el de ayudar, para poder agujerear el techo y que tengamos una salida al exterior para los gases. Pero por alguna razón que aún desconocemos el encendido a pilas no funciona. Calefón también out.
- Tiene heladera andando pero, como a esta altura ya se imaginarán, por alguna otra puta razón la batería no aguanta toda la noche si la dejamos encendida. Así que sólo un par de horas después de que cae el sol ya tenemos que apagarla.
Después de tres años de camperización estamos saliendo en una carpa sobre ruedas.
Hoy, a la distancia, creo que el miedo a no saber con qué cara mirar a las más de treinta personas que habíamos invitado a despedirnos, hizo que salgamos como pudiésemos. Nada explica sino cómo se nos ocurrió que el nuestro era un buen plan.
Ya son las 12 del mediodía. Mientras Juli sube las cosas del baño, yo voy cargando todo lo que es de cocina. Todavía falta cargar la ropa, nuestra carpa, nuestras bolsas de dormir, las cosas de feria, las herramientas, algún que otro repuesto por las dudas. Ni que hablar de un par de cajas de ropa, otras de libros y algunas “con lo que anda por ahí” que vamos a dejar en la casa de mis viejos.
Se hicieron las cinco de la tarde y todavía corríamos de un lado a otro. Ya Juli había logrado guardar todo y ganar el “tetris final” en el buche sobre nuestra cabina. Yo estaba terminando de cerrar las últimas cajas y algunos amigos, excesivamente puntuales, ya nos cebaban mates y trataban de tranquilizarnos. ¿Por qué no postergamos un día más? No había margen. El 12 de diciembre teníamos que estar en La Plata. Habíamos sacado entradas para el recital de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Se decía que el Indio iba a participar de alguna manera. No estar allá no estaba dentro de las posibilidades y ya habíamos demorado un día nuestra partida, lo cual nos obligaba a hacer 1.200 kilómetros en dos días y lo que quedaba de ese jueves.
A las seis de la tarde salimos de casa con nuestra Mechi. Trescientos sesenta y siete metros nos separaban de nuestro primer destino. Por más de que la plaza estaba enfrente de casa, tuvimos que dar la vuelta manzana para poder subir mejor el cordón y estacionarnos en un lugar cómodo. Las mañas de nuestra Mecha ya empezaban a aparecer. Lloramos bastante y descargamos mucha tensión de esos días. Creo que durante la última semana pensamos muchas veces en tirar la toalla. Ponernos una fecha de salida fue todo lo que estuvo bien y todo lo que estuvo mal. Nos obligó a vencer ese último miedito a salir pero a la vez puso sobre nuestras espaldas un peso que, por momentos, nos desbordó. La camioneta no estaba lista y eso nos desesperaba. Hoy también entendemos que nunca iba a estarlo. De hecho no lo está. Siempre le falta algo, siempre estamos pensando alguna forma de hacerla más cómoda.
Desde Neuquén Capital, un Jueves 9 de diciembre de 2021 a las 19:30hs salimos a vivir está aventura sobre nuestra casita sobre ruedas. Fueron sólo 91 kilómetros que hicimos hasta Villa Regina. Tardamos casi dos horas. Nos regalamos una cena en un bolichito sobre la ruta (todavía no podíamos ni lavar los platos en nuestra “casa”), buscamos por primera vez un lugar tranquilo para dormir, se nos acercó la primera persona a charlar sobre nuestro viaje y entregamos sonrientes nuestra primera calco. No podíamos creerlo. Estábamos a menos de 100 kilómetros del punto de partida sí, pero para nosotros la aventura ya era total. Nos dormimos con una sonrisa de oreja a oreja: “lo peor ya pasó” nos dijimos.
Ilusos.

