22 de Febrero de 2022 – Puerto Santa Cruz a Río Gallegos (256km)
25 de Febrero de 2022 – Río Gallegos a Río Grande (375km)
Se venía la última parada en el continente. Río Gallegos es una ciudad que puede ser poco turística pero para nosotros era un punto importante al que queríamos llegar, principalmente por el mausoleo de Néstor Kirchner.
Ya estábamos en los últimos días de Febrero, el 22 más precisamente, cuando llegamos después de hacer más de 250km desde Puerto Santa Cruz.
Nos pasamos toda una tarde en el mausoleo, lloramos un poco, mandamos fotos a amigos y familiares con los que compartimos el amor por la Patria, por el Movimiento y por ese Hombre.
Ya después del ritual y de lo que para nosotros fue un momento emotivo, nos fuimos a un taller donde estaban Aldi y Julián, dos pibes que viajaban en una camioneta igual a la nuestra y que si bien habíamos hablado muchas veces por redes sociales nunca nos habíamos conocido en persona. Ellos estaban con un problema en el motor y un mecánico que los estaba ayudando les prestaba su taller para bañarse y pasar los días que demore encontrar la solución a la falla del vehículo.
En el taller nos encontramos con varios viajeros más que le estaban haciendo el aguante a los chicos y hasta se armaron un par de comilonas y fernet o vino para compartir.
Esos dias feriamos en plaza San Martín y mientras vendíamos conocimos a Santiago, laburante de vía Bariloche, que se ofreció a recibirnos un pedido que no nos llegaba y no estaba atando a Río Gallegos cuando nosotros ya queríamos cruzar a Río Grande a estar con la familia de Juli.
Santiago nos hizo el re contra favor de recibir ese pedido de yerba que nos habían enviado unas amigas y tenerlo en su casa por un mes que fue cuando pegamos la vuelta nuevamente al continente.
El 25 de febrero fue un día de ruta muy intenso. No solo por los 375km de ruta que hicimos, las cuatro aduanas (salida de Argentina, ingreso a Chile, salida de Chile e ingreso a Argentina) o el cruce en ferry que hay que hacer en tierras chilenas, sino porque arrancamos el día con una discusión de una hora al costado de la ruta antes de llegar a la primera aduana. No me acuerdo el porqué como en muchas de esas discusiones que teníamos esos primeros meses de viaje donde todo era nuevo, caos y confusión. Si me acuerdo que la discusión nos dejó agotados y recién eran las 8 de la mañana. Pero bueno, una vez que solucionamos el desacuerdo, hicimos las pases con nuestro dedito meñique que ya nos empezaba a salvar de discusiones o silencios orgullosos e infinitos y enfrentamos nuestra primera frontera arriba de la Mechi. Un poco de miedo y nervios pero por suerte habíamos sido muy precavidos y llevábamos todos los papeles necesarios así que todo fue muy normal y llevadero.
Ya en Chile, nos subimos al ferry para cruzar a la isla y flasheamos mucho los 40 minutos en el agua con unas toninas que nos acompañaron todo el viaje sin parar de jugar entre ellas.
Fue un día completo de ruta en el que, por más que estábamos en pleno verano y la luz del sol duraba hasta tarde, nos terminó agarrando la noche. Cargamos gasoil en San Sebastián y Juli se compró las papafritas más caras de todo el viaje. Me acuerdo de esos últimos kilómetros de estar manejando muy tenso. Las luces de la Mechi no son para nada buenas por lo que nunca viajamos de noche pero esa vez queríamos llegar a toda costa.
A pesar de ser más de las diez de la noche y con mucho frío, Andrea, Dani, Mari, Tomi y Valen nos estaban esperando en la puerta de la casa, en el barrio donde Juli se crió y que yo recién estaba conociendo después de más de cinco años de estar juntos.
Acá también hubo algunas lágrimas y mucha emoción. Por todo lo que implicaba, Río Grande fue nuestro Ushuaia en términos viajeros. El fin del mundo (o el principio dicen algunos) que nos marcó un antes y un después en el viaje. Habíamos soñado mucho con llegar hasta acá y que yo pueda conocer y compartir todo eso que para Juli significa Río Grande (su familia, sus amigos, su barrio, sus lugares, sus recuerdos) y aunque todavía no terminábamos de caer, lo habíamos logrado con nuestra Mechi.










