Nuestra estadía en la ciudad de Juli estuvo dividida en dos partes: una primera de diez días -antes de irnos a Ushuaia- y una segunda más larga de veinte días en la cual pasamos su cumpleaños número 33.
Los primeros días aprovechamos el hecho de tener una casa a disposición para arreglar miles de cosas:
- Con Tomi, marido de Mari (la hermana de Juli), arreglamos el burlete del portón lateral que estaba roto hace tiempo y dejaba entrar un vientito que en la costa bonaerense era hermoso pero en la Patagonia ya se sufría.
- También hicimos nuestro primer cambio de filtros de aire y aceite en viaje.
- Otra cosa que arreglamos en esos días (y cuando digo arreglamos me refiero a mí y a Tomi ya que por obvias razones Juli estaba más tiempo disfrutando de familia y amigos) fue el calefón. En los casi tres meses de viaje que íbamos, nunca había funcionado y no sabíamos el porqué. Gonzalo, el mejor gasista de Río Grande, estuvo dos o tres días haciendo pruebas y pruebas hasta que dio con la falla. Cansado de probar todo lo que podría estar haciendo fallar a nuestro calefón sacó la plaqueta (es con encendido a pila) y desajustó y volvió a ajustar tornillito por tornillito. Era nuestra última esperanza y valió la pena confiar. Juli ya estaba averiguando precios de calefones nuevos adentro de la casa de su mamá cuando Gonzalo realizó el milagro. Yo corrí a la casa al grito de “tenemos calefón” y nos encontramos en la puerta de entrada y nos abrazamos como si fuera un gol en una final del mundo.
No todo fue trabajo y arreglos porque Tomi me invitó a jugar al fútbol con sus amigos. Tenía tanta abstinencia que no me importó que ese día nos habíamos dado cinco vacunas con Juli. ¿Por qué cinco vacunas? Porque cuando fuimos a la salita de Río Grande nos dimos cuenta que no teníamos carnet de vacunación en papel y en el sistema no podían corroborar si teníamos al día la “triple viral” y alguna otra vacuna más. Así que después de asegurarnos de que no podía hacernos mal en caso de ya tenerlas: nos dimos todas las vacunas para quedar al día. Gran decisión a largo plazo para nuestra salud pero no tanto para la mía a corto plazo: durante el partido levanté fiebre y esa noche me dolía todo el cuerpo pero nada que un ibuprofeno y la alegría de haber jugado al fútbol no puedan solucionar.
Otra cosa hermosa que nos pasó durante esos días fue poder compartir con Andrea (mamá de Juli) la gran despedida que le hicieron en el colegio del cual se jubiló llena del amor tanto de sus compañeros y compañeras de trabajo como de cientos de adolescentes que lloraban de emoción. Después del colegio siguió la fiesta y fue muy lindo tanto para Juli como para mí ver todo el amor que había, hay y sigue habiendo alrededor de Andre.
En la segunda etapa de nuestros días en Río Grande también pasamos el cumple de Juli en Patio Balto, un bar con vista al mar donde también feriamos antes de irnos de la isla y se acercaron muchas personas.
Dani (marido de Andre) nos hizo róbalo entre tantas otras comidas a lo largo de esos días. Hubo muchos asados tanto de él como de Mari mientras mi única función a lo largo de todos los fuegos fue que los vasos de fernet nunca estén vacíos.
Andre no sólo nos llenó de cosas para vender en la feria: frascos, llaveros, imanes y cartelitos para decorar nuestro puesto móvil sino que encaró con valentía la enorme tarea que le dimos de diseñar un dibujo y pintar la Mechi de punta a punta. Arrancaba Abril y se venía al frío así que también era una carrera contra el tiempo. La idea era irnos apenas después del 2 de Abril cuando justo se cumplían 40 años del Día Nacional del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas.
Ese día fuimos a la vigía característica de Río Grande de la cual participan todos los colegios y la gran mayoría de las personas de la ciudad. Lo compartimos con la familia de Juli y también con Lucas, Ludmi, Orne y Cris, chicos que también estaban viajando en motorhome y esos días los pasamos juntos comiendo algún que otro asado y más que nada pintando juntos la Mechi.
Dani y Andre abrieron las puertas de su casa que esos días se convirtió en nuestro búnker con las otras dos parejas viajeras para pasar el frío, alguna duchita y mates calentitos. Además compartimos algo, que aunque en el momento no lo dimensionamos, fue histórico: el sorteo para el mundial de Qatar 2022. Festejamos con el grupo “fácil” que nos tocó, especialmente cuando salió el bolillero de Arabia Saudita, JA.









