6 de Enero de 2022
Gerli a San Clemente del Tuyú – 320km
Después de una semana de aislamiento por Covid, pudimos pasar Año Nuevo en familia en Bella Vista, Provincia de Buenos Aires. Disfrutamos de unos días de pileta, asado y festejos por esta nueva etapa que comenzábamos y pasamos por Caba sólo a saludar a unos amigos y a feriar una tarde en el Planetario.
Llevamos casi un mes de viaje pero la sensación es que hoy arrancamos de realmente. Nos levantamos en Gerli, Provincia de Buenos Aires. Dormimos en el frente de la casa de un amigo en un barrio muy tranquilo. Desayunamos con él, conocimos su casa y, siendo las 12 del mediodía, nos estamos preparando para salir hacia la costa. Por fin la playa. Nuestro primer destino de playa y mar va a ser San Clemente del Tuyú.
Reviso los líquidos de la camioneta mientras Juli termina de acomodar nuestra mesita de la cabina con el mate y algunas frutas para el camino. Yo, obsesivo de los números, ya calculé que son 320 kilómetros los que nos separan de tener los pies sobre la arena y que, si tenemos un viaje común como el resto de los mortales, tendríamos que estar viendo el mar antes del atardecer.
El viaje fue un éxito y la Mecha ya está estacionada frente al mar. Corremos hasta chocarnos con las olas, lloramos un poco y vamos derecho al primer puesto que vemos para comernos el mejor choclo de playa que alguien alguna vez haya comido. Nos miramos cada dos minutos y sonreímos, la sensación es de mucha MUCHA felicidad.
Se trata de nuestra primera ciudad sin conocer a nadie. No tener ningún amigo o familiar a quien acudir para dormir en su frente es raro pero a la vez nuestra camioneta ya es un motorhome con todas las letras y podemos cocinarnos, ducharnos (aunque eso nos va a costar un poco asimilarlo), ir al baño y todas las cosas que uno quiere poder hacer en su casa.
Entre la playa, el choclo y dar unas vueltas para conocer San Clemente, se nos hizo de noche y todavía no sabemos dónde vamos a dormir. Que este lugar es muy oscuro, que acá capaz cobran estacionamiento, que esto a la mañana va a ser un quilombo, que esto está muy inclinado -todavía no teníamos los famosos taquitos-, todos problemas de dos viajeros muy principiantes. Después de probar un par de lugares terminamos eligiendo el peor. Oscuro, inclinado, caos a la mañana siguiente y un muchacho que al otro día nos pidió amablemente una recompensa por garantizarnos seguridad.
Para nuestro segundo día en San Clemente, encontramos un mejor lugar que fue nuestro dormitorio y oficina de trabajo por las siguientes tres noches de estadía en la ciudad. Estacionábamos justo al lado de una pequeña placita donde tres pibas armaban su circo callejero para entretener a los turistas del balneario. Enseguida pegamos buena onda con ellas que encima nos mandaban a su público a comprarnos artesanías y sahumerios a nuestra feria.
San Clemente del Tuyú fue nuestra primera vez para muchas cosas. Primera vez que pedimos a un desconocido si podíamos cargar nuestro tanque de agua con su manguera de patio; primera vez que vaciamos nuestro poti en una estación de servicio; primer canje por difusión con una excursión en cuatriciclos; primeros viajeros en otro vehículo con los que compartimos -Mona y Juan-.
La última noche dormimos en Punta Rasa con la Mecha. Un lugar hermoso a 10 kilómetros de San Clemente, justo en la punta sur de la Bahía de Samborombón en la que la playa queda totalmente rodeada por el mar y hay una gran reserva natural con distintas especies de aves y millones de cangrejos.







