9 de Marzo de 2022 – Río Grande a Tolhuin (110km)
11 de Marzo de 2022 – Tolhuin a Ushuaia (103km)
18 de Marzo de 2022 – Ushuaia a Río Grande (213km)
Una vez que terminamos de solucionar las cuestiones más importantes que habíamos estado postergando -calefón, heladera, batería y burlete del portón- estuvimos listos para seguir nuestro camino a Ushuaia. El 21 de Marzo era el cumple de Juli y ya era 9 así que nos quedaban un poco menos de dos semanas para ir y volver hasta el fin del mundo.
La primera parada obligada fue Tolhuin. Juli me había hablado un montón de la famosa panadería “La Unión”: el incendio que había sufrido hace unos años, cómo habían levantado el local de nuevo y que estaba lleno de fotos de todos los famosos y famosas que pasaron por ahí.
Cuando llegamos nos recibió Emilio -su dueño- y se quedó charlando como lo hace con la gran mayoría de las personas que visitan el lugar. Nos sacamos nuestra foto con la estatua de Favaloro, comimos y nos fuimos frente al lago Fagnano donde, a pesar del viento, pasamos dos hermosas noches.
El 11 de marzo salimos rumbo a Ushuaia, sólo 100 kilómetros pero los primeros que hicimos en subida por la montaña. El famoso Paso Garibaldi fue nuestro primer desafío y a pesar de algunas nubes flasheamos lindo con el paisaje desde el mirador.
Ya en Ushuaia conocí a Alve (hermana de crianza de Juli) y su hija. Nos abrió las puertas de su casa para bañarnos e incluso para dormir en una noche muy fría. También nos invitó a la casa de un amigo donde sufrimos un poco las subidas y bajadas de la ciudad. Si algo me maravilló de Ushuaia fue la postal de montaña y mar en el mismo lugar. Una mezcla que sumada a las nevadas que tuvimos, me hizo emocionar más de una vez.
Fueron pocos días en los que intentamos conocer todo lo que pudimos. Puerto Almanza y sus centollas fue un lugar hermoso pero el mayor recuerdo es el del Parque La Pataia donde subimos al Cerro Guanaco.
Subestimamos completamente el esfuerzo físico que íbamos a tener que hacer y la noche anterior nos acostamos muy tarde. Peor todavía, cuando nos levantamos nos clavamos dos tortafritas y tres medialunas del día anterior: muy poco fitness nuestro desayuno. Recién empezamos a caminar a las doce y media del mediodía. Todas malas decisiones. Nos costó bastante y Juli incluso tiró un par de puteadas muy graciosas lamentándose por no estar comiendo unas hamburguesas y tomando unas birras mirando el mar.
Al llegar arriba la vista panorámica fue de las más increíbles del viaje: el mar que no era sólo mar sino que anunciaba el final de la isla más austral del mundo. La imaginación que volaba hasta la Antártida, nunca tan cerca. Pero rápido volvimos a la realidad porque nos estábamos re contra cagando de frío.
Estábamos todos chivados y ya empezaba a caer el sol así que bajamos casi corriendo para que no se nos haga de noche. El plan era quedarnos a dormir en el parque así que nos habíamos llevado para hacernos un alto guiso de lentejas. Estábamos cocinando cuando se nos acabó el gas de la garrafa. Literalmente nos quedamos sin gas en el fin del mundo. Por suerte llevábamos un anafe con una bombita de un kilo que nos salvó, no sin antes pegarnos uno de los grandes sustos del viaje. Al ser la primera vez que la usábamos regulamos mal la salida de gas butano y una llamarada me quemó un par de pestañas. Después del sobresalto nos pudimos terminar de hacer el guiso y disfrutar ahora sí de un lugar único.
Al otro día fuimos a comprar una garrafa y en el lugar donde estacionamos vimos un bondi gigante transformado en casa rodante. Nos acercamos y salió el dueño. Nos mostró su vehículo que al lado de la mechi era una verdadera mansión. Living con salamandra, cocina separada, puerta que te llevaba a su habitación, un baño con una ducha enorme y una bacha separada. Quinientos litros de agua limpia bajo la cama, se nos hacía agua la boca. Nos quedamos un rato charlando, nos contó que estaba hace más de un año viviendo en Ushuaia y que ahora quería moverse para Neuquén. Más que como vehículo, usaba el colectivo como un departamento por el cual no tenía que pagar alquiler, en una ciudad donde los famosos «airbnb» ya empezaban a hacer estragos. Nos dio una garrafa que tenía él, nos dijo que estaba llena y confiamos.
Podría contar varios lugares más de una ciudad muy hermosa en la cual obviamente dos semanas no nos alcanzaron para conocer completa. Pero sinceramente lo que más recuerdo de Ushuaia no tiene que ver con la nieve, ni con los lugares históricos, ni con la belleza de ver montaña y mar a la vez. Si me preguntan por Ushuaia lo primero en lo que pienso es que ahí conocimos a cinco personas que hoy son familia.
Estábamos en el estacionamiento sobre la costanera donde nos quedamos la mayor parte de nuestra estadía cuando vimos llegar un colectivo enorme con la leyenda “Alas por el mundo”. Juli ya los conocía por las redes pero yo no. Nos fuimos a presentar y fue amor a primera vista. Gera y Flor con Rufi, Margui y una bebita de 6 meses llamada Iruya. Esa misma noche Gera nos hizo unas empanadas de cordero increíbles y nosotros llevamos el vino. Quizás ese día no lo sabíamos pero yo creo que estábamos festejando una amistad que nacía: sus tres hijos hoy son nuestros sobrinos y alas por el mundo una familia que nos regaló este viaje.






